Saber qué comer en el Camino sin gastar mucho no tiene misterio, pero sí algo de organización. Con una compra sencilla, la cocina del albergue y algún menú en el momento oportuno, se come bien y variado durante semanas. Y sin llegar a Compostela con la sensación de haberse alimentado a base de bocadillos.
No damos precios, porque varían mucho según el sitio y la época. Lo que sí te damos es un método que funciona en cualquier ruta: qué llevar en la mochila, recetas fáciles para cocinar al final de la etapa y cuándo compensa sentarse a comer fuera.
Qué comer en el Camino sin gastar: la idea de base
El gasto en comida se dispara cuando todas las comidas del día se hacen fuera: desayuno en bar, almuerzo en ruta y cena en restaurante. La forma de controlarlo es repartir:
- Desayuno y almuerzo, con lo que compras y llevas encima.
- Cena, cocinada en el albergue siempre que haya cocina.
- Una comida fuera de vez en cuando, cuando de verdad te compense.
No es una regla fija. Es un punto de partida que puedes ajustar según la etapa, el cansancio y lo que haya en cada pueblo.
Dónde comprar durante la ruta
En las localidades grandes suele haber supermercados con bastante surtido. En los pueblos pequeños lo normal es una tienda de alimentación, una panadería o un bar que vende algo de comida. Y en algunas aldeas no hay nada.
Por eso el mejor consejo es sencillo: compra cuando puedas, no cuando lo necesites. Si pasas por un pueblo con tienda y sabes que la siguiente parada es pequeña, aprovecha. Mira la etapa la noche antes para saber dónde hay servicios, y pregunta en el albergue qué tiendas hay cerca y cuándo abren.
Otras dos ideas que ayudan a gastar menos:
- Compra para uno o dos días, no para una semana. Cargar peso de más castiga la espalda y parte de la comida acaba estropeándose.
- Comparte la compra con otros peregrinos. Cocinar para varios aprovecha mejor los paquetes grandes y se desperdicia menos.
Qué llevar en la mochila para el día
Lo ideal es comida que pese poco, aguante sin nevera y dé energía. Una lista que funciona:
- Pan del día, para el desayuno y el bocadillo.
- Queso curado o embutido, en porciones pequeñas para el día, sobre todo si hace calor.
- Fruta resistente: manzanas, plátanos o naranjas.
- Frutos secos y fruta desecada, para las paradas cortas.
- Algo dulce, como galletas o chocolate, para el bajón de media mañana.
- Una lata de atún o de legumbres cocidas, por si el día se complica.
Con esto resuelves el desayuno y el almuerzo sin depender de encontrar un bar abierto en el momento justo.
Recetas fáciles para la cocina del albergue
Muchos albergues tienen cocina de uso común, pero no todos, y lo que hay dentro cambia mucho. Antes de comprar para cenar, comprueba que tu albergue tiene cocina y qué utensilios puedes usar. Si es así, estas recetas salen con poco y en poco tiempo.
Pasta con tomate y atún
Cuece la pasta, escúrrela y mézclala con tomate triturado y una lata de atún. Si hay sartén, dora antes un poco de cebolla. Es rápida y llena.
Arroz con verduras y huevo
Arroz cocido, unas verduras que aguanten bien (cebolla, pimiento, calabacín) salteadas y un huevo revuelto por encima. Si sobra y el albergue tiene nevera, guárdalo para la cena siguiente.
Lentejas o garbanzos de bote salteados
Escurre las legumbres cocidas y saltéalas con ajo, cebolla y pimentón. Se hace en poco tiempo y llena.
Tortilla de patatas para compartir
Patatas en rodajas finas, huevos y cebolla. Tarda algo más, pero da para varios y es la receta perfecta para cocinar entre peregrinos. Si sobra, compártela con otros peregrinos esa misma noche.
Cuándo compensa comer fuera
Cocinar no siempre es la mejor opción. Si el albergue no tiene cocina, no hay tienda o llegas sin fuerzas, sentarse a comer fuera merece la pena. Lo más habitual es el menú del peregrino: te contamos qué suele incluir y cuándo te conviene en qué es el menú del peregrino.
Agua y pequeños trucos
El agua es otro gasto que se puede evitar en buena parte. Sal cada mañana con la botella llena si el agua del albergue es potable (pregunta si no lo indica) y rellénala sólo en fuentes señalizadas como agua potable. Si una fuente no lo indica, o el cartel dice que no es potable, no bebas.
Unos cuantos trucos más:
- Revisa el estante de comida compartida que tienen algunos albergues: a veces otros peregrinos dejan lo que no se van a llevar. Coge sólo productos cerrados y en buen estado. Y deja tú lo que no vayas a usar.
- Aprovecha las sobras sólo si puedes guardarlas en nevera; en la mochila, mejor lo que no necesita frío.
- No compres en el último momento lo que puedes llevar desde un pueblo con más surtido.
Si quieres ver cómo encaja la comida en el gasto total del viaje, lo explicamos partida por partida en el presupuesto del Camino de Santiago por gastos.
Conclusión: comer bien es cuestión de organización
Qué comer en el Camino sin gastar mucho se resume en tres hábitos: compra sencilla y a tiempo, cocina en el albergue cuando se pueda y comidas fuera sólo cuando compensen. Con eso comes bien, cargas menos peso y controlas el gasto sin obsesionarte.
Para organizar la compra de tus etapas, busca las tiendas de alimentación y supermercados del directorio antes de salir cada mañana.