El menú del peregrino es una de esas cosas que todo el mundo menciona antes de salir y que nadie explica del todo. Se oye en los albergues, aparece escrito en pizarras a la puerta de muchos bares y acaba siendo la comida principal de muchos peregrinos. Pero ¿qué es exactamente, qué suele traer y cuándo te conviene?
Precios y horarios cambian de un sitio a otro y de una temporada a otra, así que no los damos aquí. Lo que sí te contamos es cómo funciona, qué esperar de él y qué alternativas tienes cuando no te apetece o no te encaja.
Un menú cerrado pensado para quien camina
Es un menú cerrado que ofrecen muchos bares, restaurantes y algunos albergues en las localidades por las que pasa el Camino. Está pensado para quien llega cansado después de una etapa y quiere comer caliente, bien y sin complicarse eligiendo en una carta.
La idea es parecida al menú del día que se encuentra en muchos restaurantes de España, pero orientado al peregrino: platos sencillos, raciones pensadas para reponer fuerzas y un precio cerrado para todo el menú. No hay un formato único, así que cada sitio lo plantea a su manera.
Por eso conviene preguntar siempre qué incluye antes de sentarte. Lo que en un pueblo trae bebida y postre, en otro puede no traerlo.
Qué suele incluir
Aunque cada casa tiene su versión, lo más habitual es algo así:
- Un primer plato: sopa, caldo, ensalada, legumbres, pasta o arroz. En Galicia no es raro encontrarse con un caldo gallego.
- Un segundo plato: carne, pollo, pescado o huevos, normalmente con patatas o alguna guarnición.
- Pan, casi siempre.
- Bebida: agua, vino o refresco, según el sitio.
- Postre: fruta, flan, yogur o algún dulce casero.
A veces puedes elegir entre dos o tres opciones de cada plato; otras, hay lo que hay ese día. Si tienes alguna alergia, intolerancia o sigues una dieta concreta, dilo al pedir: en muchos sitios pueden adaptar algo, pero no siempre. Si comes vegano, te interesa nuestra guía del Camino de Santiago vegano.
Cuándo te conviene el menú del peregrino
No hace falta comerlo todos los días, pero hay momentos en los que es la mejor opción:
- Después de una etapa larga o dura. Un plato caliente y completo suele sentar mejor que un bocadillo.
- Cuando el albergue no tiene cocina o está saturada y no apetece esperar turno.
- En pueblos pequeños donde no hay tienda o la que hay tiene poco donde elegir.
- Cuando quieres compartir mesa. Una sobremesa entre peregrinos es buena ocasión para conocer gente.
- Los días de lluvia o de frío, cuando lo último que quieres es ponerte a cocinar.
Y hay días en los que quizá no te compense: si has llegado muy pronto y prefieres algo ligero, si llevas varios menús seguidos y el cuerpo te pide otra cosa, o si simplemente te apetece cocinar.
Cómo sacarle partido
Unos pocos hábitos marcan la diferencia:
- Pregunta qué incluye antes de pedir: bebida, pan, postre y si se puede elegir plato.
- Pregunta cuándo lo sirven. Cada local tiene su horario, y hay pueblos donde si llegas tarde ya no queda cocina abierta.
- No te guíes sólo por la pizarra. Algunos sitios lo tienen aunque no lo anuncien en la puerta.
- Escucha a otros peregrinos. En el albergue siempre hay quien ha comido en el bar de al lado y te cuenta qué tal.
- No comas de más si aún te queda camino. Si paras a mitad de etapa, una comida muy pesada puede hacerte la tarde larga.
Piensa también en cómo encaja la comida con tu etapa. Hay quien prefiere caminar ligero por la mañana, con algo de fruta y frutos secos en la mochila, y sentarse a comer con calma al llegar. Otros paran a mitad de jornada y terminan la etapa por la tarde. Las dos formas funcionan: lo importante es que sepas de antemano dónde vas a comer para no quedarte sin opciones.
Otras formas de comer en el Camino
El menú no es la única manera de comer bien durante la peregrinación. Estas son las alternativas más habituales:
- Cocinar en el albergue. Muchos albergues tienen cocina de uso común. Una pasta, un arroz o una tortilla compartidos con otros peregrinos son un clásico. Antes de comprar, comprueba que tu albergue tiene cocina y qué utensilios hay.
- Comprar en una tienda o supermercado. Pan, fruta, queso, algo de embutido o frutos secos resuelven un almuerzo en ruta sin tener que buscar dónde parar.
- La cena del albergue. Algunos albergues ofrecen cena, a veces compartida entre todos. Pregunta al llegar si es tu caso.
- Raciones o bocadillos en un bar. Más ligero que un menú y útil si sólo quieres algo rápido.
Si lo que buscas es comer bien gastando poco, tienes ideas de compra y recetas sencillas en qué comer en el Camino sin gastar mucho.
En resumen
El menú del peregrino es un menú cerrado y sencillo, pensado para reponer fuerzas después de caminar. Suele traer primero, segundo, pan, bebida y postre, pero cada sitio lo hace a su manera, así que pregunta siempre. Combínalo con días de cocina en el albergue o compra en tienda y comerás bien y variado durante todo el Camino.
Para planificar dónde parar a comer, busca bares y restaurantes en el directorio y, para los días de cocina, las tiendas de alimentación y supermercados de tus etapas.